Recién llegado de Portugal, conoció a Peñarol por una mera casualidad. De allí en más, su amor por la aurinegra no paró. De acompañar en su auto al equipo en los clásicos hasta entrenar con el plantel. Hoy en Locuras de Amor, charlamos con Fernando Vilar.

Fernando Vilar nació un 15 de febrero de 1954 en Portugal. En 1960, arribó al Uruguay junto a su familia. Un año más tarde, las casualidades del deporte enfrentarían por la Copa Intercontinental a Peñarol y Benfica de Portugal. “Mi padre era simpatizante del Benfica. Cuando llega al Uruguay, se entera que Peñarol, que era el campeón de América, jugaba con Benfica por la final de la Copa Intercontinental. El primer partido se juega en Lisboa y gana Benfica 1-0. Al partido revancha que se juega acá en el Estadio Centenario, un pariente lejano que tenía mi padre acá lo invita a ir al Estadio”.

De esta manera, comenzaba la unión entre un niño recién llegado del viejo continente y el mejor equipo de América de ese entonces. “Unos días después, tenían que ir a jugar a Santiago de Chile el tercer partido. Benfica quería incluir en la nómina del tercer partido a un jugador que había traído de Mozambique. Le pidió a Peñarol una excepción, y gente de Peñarol, ni lerdos ni perezosos, aceptaron que se incluyera a un jugador que estaba fuera de la lista a cambio de que el desempate se jugara también en Uruguay. Benfica, que creía tener un equipo superior al de Peñarol, aceptó jugar el tercer partido acá”.

De a poquito, me fui haciendo hincha de Peñarol. Después me terminé haciendo fanático, después me terminé haciendo enfermo.

Fernando Vilar

Al preguntarle qué significa para él la palabra Peñarol rápidamente nos contestó con un “Paah…”. Unos segundos más tarde tras meditarlo, Fernando lo enmarcó en un recuerdo: “Cuando Peñarol le gana a River la Copa Libertadores en el año 1966 después de ir perdiendo 0-2 y gana 4-2. Estaba pendiente con la radio pegada al oído y cuando Peñarol hizo el tercer gol, después el cuarto y terminó el partido, yo lloraba y caminaba alrededor de la manzana de mi casa solo”.

Por otro lado, mientras nos contaba el como había transmitido su amor por el club a sus más cercanos, nos dejó esta curiosa anécdota. Por 5 años, Fernando Vilar acompañó en los clásicos al plantel principal yendo delante del bus aurinegro en su auto y auspiciando como cábala del equipo. Lo escuchamos en sus palabras.

Al preguntarle sobre la mayor conquista o el mayor recuerda feliz que tiene de Peñarol, Fernando nos pidió ampliar la visión y mencionó: “El mejor recuerdo que me ha dejado Peñarol en mi vida es haber sido el maestro de ceremonia de las dos fiestas de inauguración del Campeón del Siglo. Dentro de 5000 años, alguien va a decir que tal día, de tal mes y del tal año, se inauguró el estadio de Peñarol. Yo estaba allí, yo fui el maestro de ceremonia. Eso para mí es… pahh, no hay resultado que lo emule, no hay resultado que lo iguale”.

Continuamos por ese lado y hablamos de si sentía un privilegiado por lo cerca de Peñarol que su profesión le permitió estar, siendo él, un hincha fanático. Asintió y recordó charlas, fotos, cenas, presentaciones, entre muchas otras cosas. Sin embargo, lo que más nos sorprendió fue el momento que compartió con el plantel un día en Los Aromos. Lo escuchamos en sus palabras:

Al consultarle como llevó en paralelo su amor por el club junto con su profesión de periodista respondió: “La llevé muy bien porque siempre fui muy honesto. Cuando Peñarol jugaba mal y perdía yo nunca insulté a un juez, ni a un línea, ni a un hincha de Nacional. Siempre intenté convencer y no avasallar. (…) Todo el mundo sabía que yo era hincha de Peñarol pero no era ni agresivo, ni le faltaba el respeto a nadie, ni era petulante”. Sin embargo, como todo apasionado por su equipo, alguna vez se pasó de bromas y así nos relataba una situación de la cual se arrepiente y que, para su suerte, no pasó a mayores:

Sobre el sueño que alguna vez tuvo de ser dirigente expresó: “En algún momento tuve el sueño de ser dirigente, pero me he dado cuenta que es mucho más lo peor que lo mejor, entonces preferí que no porque yo si Peñarol pierde me cambia el humor para mal, si Peñarol gana me cambia el humor para bien pero no tengo laburo extra con Peñarol. Estuve vinculado a Peñarol desde todos los ángulos, incluso fui directivo de formativas y ahí me di cuenta que una cosa es la pasión del hincha y otra cosa es la realidad del equipo”.

Por último y para cerrar la nota le consultamos si aún le queda una materia o sueño pendiente con el club y manifestó: “Lo único que me gustaría, no por mí, sino por mis hijas y por mis nietos, es que ganáramos algo a nivel internacional”.

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