Con el deporte como refugio y la cancha como hogar formó su vida en torno de sus pasiones: Licenciada en Educación Física, diseñadora de ropa y jugadora de básquet. Charlamos con Agustina Acosta, sobre la vida misma.

Isabelinos ambos, Elena y Nelson, sus padres emprendieron viaje a Montevideo, donde se casaron y él hizo su carrera como futbolista en el Centro Atlético Fénix. Cuando se retiró, el club le ofreció ser el casero de la cancha, donde le dieron una casa dentro del predio de la misma. A los dos años de edad comenzó la aventura de Agus, nada más y nada menos que en el mismísimo Parque Capurro. En este sentido, su infancia “estuvo demás”, jugando con muñecas o dándole clase a los peluches al aire libre mientras centenares de personas alentaban a su club a escasos metros.

Aunque “los jugadores nos aupaban”, regalaban cosas y tenían un vínculo, era algo más familiero. “Nunca fue algo asociado al deporte y la competencia, era más como: Fénix familia”, pero en su juventud, su mejor amiga y capitana de Capurro, Antonella Aguilera la “arrastró al club” y allí comenzó su historia con el básquet y la actividad física, aunque no muy positiva al principio.

“Los gurises eran muy machistas”

En su primer año, el club tenía baloncesto mixto y Agustina no tuvo una buena experiencia: “Me decían que era una burra, que no podía jugar. Obvio, nunca había tocado una pelota”. Por ese motivo dejó y regresó cuando el club tuvo la rama femenina, “cuando logré encontrar un grupo de gurisas que estábamos todas para la misma dije ‘esto está demás’ “. Volvió con otra idea, más segura de si misma y con una marca personal que la acompañaría toda su vida: “No iba a dejar que ser mujer me afectara. Si alguien tiene algún problema, es de él.”. Con esa decisión, son más de diez años jugando, con altos y bajos, pero con una última temporada con un plantel enorme que se consagró campeón de la copa de bronce en una serie complicada ante Montevideo: “Fueron finales bien Capurro. Extrañábamos la guerra en los partidos” comentó sonriendo, aclarando que no se refería a la violencia, pero si ese disfrute de jugar.

Anecdotario

“En una de mis primeras prácticas  fui con un pantalón aterciopelado celeste. Imaginate, morocha, chiquita y más gordita con un pantalón celeste. En uno de los primeros ejercicios me tiré para alcanzar una pelota y terminé con tremendo agujero en el pantalón. No me importaba nada, era ir y divertirse”.

El 3 de noviembre de 2014 su padre falleció inesperadamente de un ataque al corazón y fue un momento complicado para ella y la familia, así como también les costó superar ese momento. En esa instancia fue en la que “Capurro pasó a ser mi hogar y contención”  y el básquet “un escape para mí, porque en casa no podía aflojar”. Sin dejar de lado a sus amigas, “Flor, Anto y Vale”, así como a su novio, Mathías, quienes “también fueron tremenda contención”.

“¿Dónde soy feliz?¿Qué hago para estar ahí?”

Estas fueron dos preguntas que marcaron la vida de Acosta a la hora de decidir su futuro, estudio y trabajo. Tras finalizar la educación secundaria, no tenía un rumbo definido y su amor por el club le dio la respuesta: “¿Dónde soy feliz? En Capurro. ¿Qué tengo que hacer para trabajar ahí? Voy a ser profe de educación física”.

En el 2015 entró al ISEF y se “enamoró de la carrera”. Estar trabajando como profe en el club le sirvió a progresar más rápido, pero también a tomar la práctica necesaria. Pese a encontrar vocación en eso, no es algo que la “llenara completamente” y por ese motivo tiene su emprendimiento. 

“Bo, tenés que empezar a vender esto, no podés hacerlo solo para vos”

Desde niña tuvo la costumbre de cortar las remeras que no le gustaban y terminar usándolas. El modificar la ropa la llevó a que en los bailes de ISEF llevara siempre un top diferente, hecho por ella, gracias a que su madre le había enseñado a coser “en una Singer de esas viejas que hacían taca taca taca taca” cuenta entre risas. 

Debido al éxito de sus confecciones entre sus amigas, éstas mismas empezaron a “darme manija” y llegó el momento en el que le dijeron “Bo, tenés que empezar a vender esto, no podés hacerlo solo para vos”. Así fue que en 2016 nació el emprendimiento que fue creciendo y pasó de la mesa de la cocina, donde Facundo y Mariana, sus hermanos, estudiaban a tener su propio taller. Cinco años después, “la negra”, apodo por el cual se conoce a Agustina, pasó a tener un significado aún mayor:

Me di cuenta que llegó el momento en que “La negra” dejé de ser yo, y pasó a ser “la negra, la blanca, la gorda, la petisa, la que sabe hablar, la que no”, lo que fuera. Siento que en ese apodo o estereotipo estamos todas reflejadas. Por eso está lo de ropa a medida. La ropa se tiene que adaptar a vos, no vos a la ropa. Es exactamente igual con la vida misma, no tenés que conformarte con lo que hay, sino exigir más. Va por ese lado, que sin importar cómo se siente o se ve cada una, tenga su prenda.

Anecdotario

“Un día fui a la práctica, obviamente con un top hecho por mí y mis compañeras todas llevaron uno de “La Negra” y diseños distintos. No podía creer a lo que había llegado”.

Un partido en casa

El Río de la Plata de fondo, el césped, los ruidos de la naturaleza y Fénix terminando la práctica hicieron un paisaje perfecto, pero mucho dista de los días de partido. “Esto es un caos”, entre los preparativos y el post partido, sumado a los entretiempos atendiendo la cantina, cada partido es una locura, pero Agus lo cuenta con una sonrisa y con felicidad, alegrándose también por que en los partidos ahora no haya público y todo sea más tranquilo. 

Una vida forjada en la cancha, por y para el deporte, pero resumida en su marca y ropa a medida: Se adapta a lo que ella quiere, desde confeccionar, hasta estudiar para trabajar en el club de sus amores, pero jamás dejando que lo que venga la sobrepase, eso es la vida misma de Agustina Acosta.

Podes conocer más sobre el emprendimiento “La Negra” en sus redes sociales.

abril 21, 2021

La vida misma: Agustina Acosta

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