Hermanos, mejores amigos y compañeros de mil batallas. Uno con la naranja y el otro con la de cuero pero siempre pendientes de como le va al otro. Hoy en “Los hermanos sean unidos”, Joaquín y Martín Perdomo.

El deporte está en ellos desde muy chicos, con su padre Horacio como impulsor los hermanos hicieron todo deporte que pudieron. Martín fue el primero en tomar la palabra para contarnos que “hicimos tenis, hándbol, fútbol, básquetbol, piscina, básicamente todo deporte que se podía hacer en Malvín que era a donde íbamos. Éramos muy hiperactivos”. Pero además de todas las actividades en el club ambos “jugábamos en el Córcega, porque la verdad los dos estábamos más metidos en el fútbol”.

Sin embargo y con el Gato Perdomo como padre el básquetbol tenía que estar en sus vidas “Nos gustaba pero lo jugábamos más por él que otra cosa. Después igual yo terminé siguiendo su camino” cerró Martín. Joaquín sin embargo agregó que “ver básquetbol mirábamos muchísimo, pero a la hora de jugar lo teníamos más en el segundo plano hasta que él decidió dedicarse de lleno”.

Hablando un poco de las varias actividades nos confesaron que “casi jugamos un torneo de tenis juntos” ya que un profe les había insistido en que se presentaran pero finalmente “no se dio”.

Martín tomó el camino de la naranja luego de una lesión jugando al fútbol que lo alejó del verde césped y llevándolo a Bohemios, donde termina de explotar, para luego hacer la carrera que ya conocemos. Pero Joaquín siguió de lleno en el deporte que amaba: “Siempre puse el fútbol adelante, estaba decidido a seguir en este deporte porque me encantaba y sentía que podía llegar. Por ejemplo, terminaba de jugar en el Jesús María y me iba corriendo a la cancha de básquet con el partido empezado”.

El actual jugador de la IASA nos comentó que al básquet jugaba más “por hobby” tomando en serio a la de cuero. A pesar de no seguir los pasos de su padre y hermano, Joaquín confesó que “amo el básquetbol. Si no fuese futbolista sería basquetbolista. Y seguro mejor que Martín”.

Si bien sus caminos están en deportes separados a ambos los une una misma bandera “Sé quién es mi viejo pero yo no quiero ser ‘el hijo de’ yo quiero ser Joaquín Perdomo. Mi camino en el fútbol ha sido complicado pero todo lo que conseguí fue gracias a mi esfuerzo” dijo el futbolista, a lo que Martín confirmó: “el apellido siempre estuvo, sabemos que el Gato fue un crack y estamos orgullosos de eso, pero no por ser su hijo significa que tenga que ser como él. Yo hago mi propio camino”.

El show de los Gatos

Tanto Martín como Joaquín son dos personajes dignos de seguir en una cancha. Martín se escudó diciendo “es que lo vivo demasiado”. Rápidamente los dos aceptaron que son un show, Joaquín diciendo “yo soy más de hablar pero con los líneas. Y la suerte que tengo es que la cámara no está en mí siempre, en su caso sí”. Martín comentó que “yo más que protestar les hablo y siempre en una bien, nunca me desubico. Hoy por suerte me hice mi nombre y me puedo dar la licencia de protestar un poco más, pero de joven lo sufrí un montón”. Aparte el teñido base de Lagomar dijo: “Hoy aparte el tener todos los partidos por tele me mata, cada cosa que hago me enfocan”.

Joaquín nos contó también que “al no tener la cámara tan arriba se ve menos, pero creo que en el fútbol hay más formas de desquitarse que en el básquetbol”. Igualmente, fue víctima en el duelo contra Albion de esa conversación con los líneas “me excedí y me terminaron echando a los 5 minutos, pero sirve para aprender”.

El hincha número 1 de uno es el otro

Los “Gatos”, más allá de ser gemelos, son muy unidos, a tal punto que Martín es el fan número 1 de Joaquín y viceversa, y en esa línea el futbolista contó que “nos ponemos más nerviosos cuándo juega el otro que uno mismo”

Sin embargo, Martín sufre mucho cada vez que su hermano juega: “Hay veces que no lo puedo ver. Yo daría todo por que él triunfe. El otro día contra Tacuarembó el hizo el gol del partido y lo grite más que uno mío” mientras que Joaquín nos comentó que a veces se enoja porque “sé lo que puede dar y no lo hace. Tengo la suerte de entender de su deporte y le doy alguna corrección. Él en cambio de fútbol no puede hablar”.

En este momento es imposible ir a la cancha a alentar pero cuándo se podía Martín confesó que “Yo no puedo ir, pienso dos veces si ir o no. En los últimos torneos que estuvo en la C no iba”

Esto porque sufría mucho más y que era un “constante miedo a que lo lesionen por lo friccionado que era”. Por su parte Joaquín siempre que pudo fue, siendo casi siendo un técnico más para su hermano “lo bueno de ir a la cancha es que le puedo dar órdenes, cosa que ahora no puedo”.

En las buenas...

Hay varias buenas entre los Perdomo, como dijeron ellos “todos los éxitos son las buenas, todos los partidos que ganas” pero hay una que los marca un montón y es aquel ascenso de padre e hijos con la camiseta de Sayago.  

Al hablar de esto con más profundidad, al unísono ambos dijeron “fue único”.

Joaquín agregó también que “me sentía un jugador más”. Martín, quien fue pieza importante del equipo nos comentó: “fue un torneo hermoso. Mi primer Metro y vivirlo con ellos fue especial. Aparte fuimos el tercer ascenso, contra Stockolmo, después de arrancar 1-0 abajo, fue todo una locura”.

Sayago dio vuelta esa serie tras un par de partidos infartantes. En el último, en cancha de Aguada, Facundo Medina tiró un triple desde la mitad de la cancha que no definía nada y Joaquín en la desesperación ya estaba corriendo hacia su hermano y “casi le hago una tapa, no me importó nada. Faltaban dos segundos y Martín estaba del otro lado, crucé la cancha corriendo a lo loco para abrazarlo sin pensar en nada”.

“A pesar de que Joaquín no estaba ahí sé que lo vivió como yo y hablo de la clasificación con Las Ánimas después de ganarle a Mogi en dos alargues. Era mi primer torneo internacional, habíamos hecho historia para Chile y justo papá había salido de una operación. Me acuerdo que di una nota y me largué a llorar, fue un momento muy emotivo para ambos a pesar de no haberlo vivido juntos”.

“Siempre me acuerdo de una vez contra Artigas que hice tres goles que me terminé peleando con todo el mundo para llevarme la pelota. Ya había hecho tres una vez contra Canadian y no me la dieron, esta vez iba decidido a buscarla. Me pelee con todo el mundo de La Luz porque no me la querían dar. Me terminé enojando y no la quería ir a buscar, así que se la dieron a Martín”.

...y en las malas.

No hubo dudas cuando consultamos en este rubro, “mi lesión del año pasado” expresó Martín mientras Joaquín confirmaba lo dicho por su hermano. Tuvieron que unirse mucho ya que pasó mucho tiempo entre el diagnóstico y el tratamiento además de lo que le decían al base “que me dijeran que no iba a poder jugar más o que iba a tener estar anti coagulado dos años nos pegó”. En ese mismo rubro Joaquín dijo que “la sentí como mía. Si era necesario dejaba el fútbol o le daba mi brazo con tal de verlo jugar de nuevo. Estábamos muertos, pero por suerte todo salió bien”.

“Igual en lo diario siempre hay malas, así como todos los éxitos son buenas creo que cada derrota es una mala y ahí es cuando más juntos estamos” sentenció Martín.