¿Te imaginás debutar, ser figura y salir campeón? Guillermo Centurión y los secretos de los goleros tricolores, en esta columna de Salimo’.

Noche perfecta para el 25, que se convirtió en el 1 para la victoria y obtención del Torneo Intermedio por parte de Nacional.

No tuvo mucha actividad en el juego, se mostró seguro, con una atajada importante en el primer tiempo, donde tras rebotes, la salvó prácticamente en la línea. En el alargue tuvo otra buena intervención, desviando una pelota de gol al córner. Sin problemas con los pies, concretó una muy buena actuación en los 120 minutos.

Pero su momento, seguramente soñado por él, llegó en la tanda de los penales, atajando dos de los tres que llegó a patear Wanderers. Nada más ni nada menos que a Nacho González y a Gastón Bueno para dejar la serie de los once pasos prácticamente que liquidada.

Vale hacer memoria. Muchos se cuestionaban qué pasaría con el arco de Nacional, ya que tras la expulsión de Sergio Rochet en el clásico, no podría estar disponible para la final. Pero el joven guardameta surgido en la cantera no defraudó. Siempre estuvo preparado, porque de eso se trata, estar siempre listo para la ocasión y aprovecharla al máximo, cosa que hizo a la perfección.

Llegó su oportunidad y la aprovechó al 200%, con horas y horas de trabajar visible e invisible, soñando en un día poder vivir algo como lo de ayer, convertirse en el héroe de la noche tricolor.

El nombre de Guillermo sonó durante mucho tiempo, pero no sólo en estos días de incertidumbre sobre quién estaría bajo los tres palos defendiendo a el conjunto albo, sino también porque el guardameta fue muy reconocido cuando en el año 2015 le anotó un gol a Peñarol en un clásico de formativas. Es que no fue cualquier gol, se ocupó de descolgar un centro y correr toda la cancha para pegarle tras superar al golero rival y anotar un tanto que circuló por el mundo.

Otros quizá recuerden una oportunidad inesperada que tuvo en un clásico de verano en el año 2018, ya que Luis Mejía fue expulsado. En aquel entonces, siendo aún más gurí, saltó del freezer al horno con 17 años, en la victoria carbonera por 2 tantos contra 0.

La influencia de Leonardo Romay

Sin lugar a dudas, el entrenador de goleros tiene mucho que ver en lo que se lucen los arqueros tricolores. Es que en los últimos tiempos, con él a la cabeza, Nacional ha sido revelación en esta posición.

Desde su llegada, los guardametas comenzaron a destacarse cada vez que tenían la oportunidad. Hablamos de Luis Mejía, que cuando tenía pocas oportunidades, se ganó la titularidad, y Sergio Rochet, en la misma situación del panameño. Y ayer en la final, un formado en la cantera, que estuvo siempre preparado.

Pero más allá del día a día, Romay tuvo sus méritos en que Guillermo Centurión se luzca ayer.

Para comenzar, porque cuando había que seleccionar un golero para la final, él fue quien dijo que no había que traer otro arquero, que los que estaban se encontraban preparados… y vaya si acertó una vez más.

En los penales, el también fue parte y no es la primera vez qué pasa. No es casualidad lo sucedido tanto ayer como frente a Independiente Del Valle, donde él, junto a su equipo ganaron desde las atajadas.

Es difícil para un pibe tan chico, encontrar una viveza tan grande, como la de quedarse parado en el medio para atajarle un penal a Ignacio González, y el propio Centurión lo reconoció: “fue toda de él, me dijo que lo espere”. Cumplió, lo espero y atajó.

Sin lugar a dudas, el segundo penal que tapó, es todo del jugador, que con astucia y gran intuición se inclinó hacia un lado y mandó la pelota afuera.

Trabajo de equipo, Romay afuera, dándole confianza, que para un golero es todo, y Centurión en cancha para lucirse y convertirse en héroe, para que su Nacional sea campeón.

La enseñanza para todos, especialmente para los pibes, sean del equipo que sean, de lo importante que es estar con confianza y cabeza mentalizada que las oportunidades, tarde o temprano se van a dar. Guillermo lo entendió, cumplió un proceso y se le dio tras dos años de espera.

enero 15, 2021

El sueño del pibe

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