Y como dice alguna estrofa de su himno, no caben dudas que este equipo será recordado. En este especial, dejamos registro de la campaña del campeón.

Todo comenzó una calurosa tarde de febrero cuando Eduardo Espinel tomó las riendas de un equipo que no encontraba su rumbo. Es que la llegada de este viejo conocido dio la vuelta de tuerca necesaria para encausar el barco patablanca. Tal es así, que una serie de victorias en la recta final de aquel Clausura trajo consigo la tranquilidad de un colchón de puntos importantes.

Pasó el mercado de pases y jugadores como Gonzalo Camargo, Nicolás Olivera, Emilio Zeballos y Cristian “Cebolla” Rodríguez cerraron el plantel de Espinel para este Apertura. Algunos ya habíamos visto al Plaza del Torneo Clausura y sabíamos lo que podía dar. Sin embargo, la inquietud estaba en el rendimiento de los refuerzos para suplir las bajas de Federico Pérez, Facundo Kidd y Facundo Píriz, entre otros.

Con alguna que otra baja por COVID-19, Plaza daba inicio ante MC Torque el Torneo Apertura. Recuerdo que casi llegué tarde a ese partido, me acomodé como pude y Pablo Giménez pitó el inicio del partido. En aquel partido, en aquella primera fecha, ya se veía ese no sé qué en el equipo. Un partido trabado, de esos no muy lindos de ver, pero con un gol de Diogo De Oliveira sobre el final para empezar con el pie derecho. Los roles se empezarían a marcar, la solidez de Mele en el arco, las diabluras de Nico Dibble, la visión del Flaco Fernández y él enamoramiento con el gol de Diogo. Ganó contundentemente en el Obdulio Varela, se llevó un empate del Campeón del Siglo y cayó en su casa ante Nacional. Eran 7/12pts, no estaba nada mal si lo comparábamos con la pasada campaña.

Quinta fecha y otra vez, ganando cuando hay que ganar, sobre la hora, sufriendo. Mario Risso canceló sus planes de mudarse a Colombia y en el Charrúa le pegó como Messi. Cristian Rodríguez se vistió de número 9 y desató la locura para abrochar una nueva victoria. Sexta fecha y… sí, otra vez ganando sobre la hora. Mereciendo y yendo al frente, Mario Risso la empujaba en el segundo palo para vencer a Liverpool 2 a 1. Esa tarde Plaza volvió a demostrar lo que era, un equipo compacto, unido, que corría parejo y no daba ninguna por pérdida. Luego visitaría el Saroldi y un Cebolla Rodríguez ya titular le daría el único gol del partido al patablanca. La mejor versión posible del ex Peñarol se empezaba a ver en cancha, ni cabe aclarar que fuera de ella es un fenómeno. Comprometido con la causa, volcando toda su experiencia y temperamento para ganar la mitad del campo. Empataría en el Prandi ante Cerro Largo y visitaría el Paladino para ganar con justicia ante Progreso.

Décima fecha y a Plaza se le iban los tres puntos ante Sud América en casa. Pero no, ingresaba el tararirense Leandro Suhr para con un magistral movimiento ubicar el balón contra el palo y sellar el triunfo. Ese que padeció COVID-19 y sufrió las consecuencias del virus, apareció en el momento justo, en el lugar indicado, para aportar su granito de arena. Arribaba a Maldonado y misma historia, partido trabado, luchado, complicado y hasta con incidencia del VAR. Centro al área y gol de Gonzalo Camargo, ese que llegó para suplir a Facundo Kidd y cumplió con creces. Seguimos y nos vamos al Capurro, donde una vez más Diogo De Oliveira dejaba su huella en la red para una nueva victoria. Empate sufrido ante Boston River y lo que todos ya sabemos, victoria ante Montevideo Wanderers y consagración histórica.

Poco más queda por agregar, Plaza es campeón y bien merecido lo tiene. Sin querer sonar reiterativo, verdaderamente fue un equipo de principio a fin, cada uno aportando desde su lugar. Santiago Mele y sus extraordinarias tapadas para mantener el arco en cero. Mario Risso con un nivel excepcional, acompañado por un Nicolás Olivera que para muchos llegó como un Don Nadie y se va como el Chengue Olivera. Yvo Calleros, fruto de las canteras del club, con un despliegue maratónico en cada partido. El buen desempeño de Emilio Zeballos por el carril derecho, el descollante nivel de Leonai Souza, pieza clave en el equipo de Espinel. La presencia goleadora de Diogo y el incansable trabajo sucio de Juan Cruz Mascia.

Por último, el gran responsable, Eduardo Espinel. Si ya pasó a la historia por lo hecho en 2016, esto lo inmortalizará en la gloria del conjunto patablanca. Fue un equipo que no tuvo figuras, cada uno apareció cuando le correspondía y cumplió al pie de la letra con el guion. La estrella fue el equipo y hoy ya se ubica junto a la otra, sobre el escudo del club.

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