A la espera de un nuevo desafío en su nuevo club, Cesar “Picante” Pereyra conversó con Salimo’. El recorrido de sus últimos años, el gol a River, la salida impensada de Deportivo Maldonado y el amor por la música que lo llevó a subirse al escenario del Cosquín Rock.

Los últimos cuatro años de César lo encontraron al igual que un viajero, recorriendo el continente, la guitarra colgada al hombro, la eléctrica bajo el brazo y el bolso lleno de ilusiones. En Huracán comenzó a correr tras una pelota por las peladas canchas de Santa Fe y luego pasaría a Ocampo Fábrica, club con el que visitó varios rincones de diferentes provincias. Un fruto genuino del fútbol del interior, semillero inagotable de cracks olvidados -en ambos costados del charco-.

“Había un programa que se llamaba El Nacional en Argentina que hacía los resúmenes y uno de esos periodistas empezó a decir está picante Pereyra”, nos comenta sobre el nacimiento de su apodo, pero tras su llegada a Belgrano le quedó marcado a fuego, “en Córdoba es una palabra que se usa mucho en el día a día y me quedó, muchos no saben ni mi nombre”.

Sus abuelos, Genaro y Ramona, fueron sus padres, quienes lo criaron y guiaron desde chico. La pérdida de su abuelo, a seis meses del ascenso con Belgrano, fue dura, pero allí el fútbol fue su refugio. “Fueron los que me enseñaron los valores, los que me educaron. Me dieron todo con lo que podían, nunca me faltó nada, nunca me sobró,”, pero claro, había ciertas restricciones. “A tal punto que pude terminar el Secundario y después, recién ahí, me habilitaron para jugar al fútbol. Esa era la condición, poder ser alguien en el futuro, más allá de jugar a la pelota”, recuerda el delantero. 

Cuando el abuelo jubilado y la abuela ama de casa, dieron vía libre, justo ahí, se topó con la posibilidad de ir a probarse a Unión. “Cuando me surge la posibilidad de irme a probar a Unión, el presidente del club donde yo jugaba me dio para un boleto solo, entonces le dije:’¿Me voy y me quedo allá? ¿No vuelvo?‘”, tiró aquel joven que aún no tenía nada de picante. A pesar del contratiempo, consiguió una changuita con el mismo presidente para juntar los manguitos que faltaban. “Con un amigo fuimos a hacer esa changa, creyendo que era una changa, y no fue así. Nos encontramos con un camión con acoplado lleno de cosas. Estuvimos todo el día metidos ahí por ese pasaje, por ese boleto”, rememora con una sonrisa

En ese entonces, andaba con lo justo, ni más ni menos: “Recuerdo  haber firmado el primer contrato y la mitad de la plata se las mandé a mis abuelos. Con la otra mitad me compré un par de zapatillas que pasaba y las miraba siempre en la vidriera. Me quedó algún vuelto y nada más, ahí se fue el primer sueldo. La satisfacción de poder, sin la obligación, retribuirles algo a mis abuelos fue un mimo que me pude dar el gusto de hacer y lo disfruté mucho. A partir de ahí, la cosa se acomodó un poco mejor, pero eso me quedó muy marcado”. 

Las buenas actuaciones en Unión de Santa Fe llamaron la atención de Independiente, donde tuvo un fugaz pasaje. Además, pasó por Atlas de México y volvió un par de años más al querido Unión. Más tarde, en Belgrano de Córdoba marcó una huella imborrable, tras cinco años se marchó a Perú para gritar campeón con Sporting Cristal. Retornó un año a su segundo hogar, Belgrano. Dos años en Blooming de Bolivia, hasta su llegada a nuestro país donde ascendió y mantuvo la categoría con Deportivo Maldonado. Hoy, se prepara para escribir un nuevo capítulo de su carrera en Rocha Fútbol Club.

“Son experiencias, que uno va sumando. Culturas nuevas, vidas distintas a las que uno está acostumbrado, más allá de la cercanía, un fútbol diferente en cada lugar donde estés. Trato de vivir y aprovechar cada momento, de aprender de todo lo que te deja el fútbol que te hace recorrer muchos lugares”, dice en referencia a sus últimos años que lo encontraron recorriendo el continente. 

Luego de un largo camino, de forma inesperada y ya en el ocaso de su carrera, llegó a la Segunda División del fútbol uruguayo, para vestir la camiseta de Deportivo Maldonado. “Había terminado el vínculo con Blooming después de dos años. Estaba en Santa Fe, esperando si salía  alguna posibilidad y la espera se hizo larga. Surgió la posibilidad de venir a Deportivo Maldonado, en Segunda División y se dio todo muy rápido. Hablé con el gerente del club, me comentó su idea del proyecto que había y la idea de ascender, eso me sedujo”, explicó. 

“Al principio era algo incierto”,  aseguró, en cuanto a su llegada al fútbol uruguayo y agregó: “Uno a veces tiene la imagen de lo que le llega por televisión, quizá, de que es un fútbol de meter y correr. Vine acá y me encontré con una realidad distinta, equipos que proponen jugar, que tratan muy bien la pelota”. 

El Picante pisó suelo uruguayo para defender durante dos temporadas a Deportivo Maldonado donde continuó rompiendo redes, marcando 13 goles en 38 partidos además de obtener un nuevo ascenso en su carrera y más tarde logró la permanencia en la máxima categoría. Pero a pesar de su deseo por continuar, debió armar nuevamente el bolso. “La idea era otra. Fue una salida que por ahí no me la esperaba, por cosas que se habían hablado y que estaban arregladas prácticamente. Pero es fútbol. Pasan ciertas cosas, a veces ajenas y uno tiene que seguir haciendo lo que le gusta”, comentó el delantero argentino, desprendiendo cierta discrepancia desde sus palabras. 

Dejando a un costado la pelota, una pequeña y modesta banda de rock que ya echa de menos, se encuentra en la lista de las cosas que dejó atrás en Maldonado, conformada por varios componentes del club fernandino. Y en ese momento, se mezclan el amor por esos dos mundos paralelos, la música y el fútbol. 

Ya varios años atrás, una tarde de concentración se convirtió en su conservatorio de música, un compañero tocaba la guitarra y tomó algunas clases, donde aprendió sus primeros acordes.

“No había aprendido una y ya quería tocar otra. Es un hobbie que también en los grupos, en los planteles siempre hay alguno que le gusta tocar. Incluso en Maldonado teníamos una bandita improvisada que nos juntábamos a tocar para despuntar el vicio, con Pagano (Gastón) que tiene una banda que son “Los hijos de la marea”, Tealde (Facundo), Bogliacino (Mariano) y un profe que tocaba la batería. Y siempre nos juntábamos a tocar un rato, una o dos horas que nos despejamos de todo y hacíamos esto que es muy lindo también”, recuerda Pereyra. 

Fiel seguidor de Los Piojos y La Renga, responsables de su impronta de músico y guitarrista “de criolla y eléctrica”, afirma, también un agradecido a las puertas que le abrió el fútbol para conocer un ambiente que es muy diferente, pero que está muy ligado al fútbol, van de la mano”. El Picante fue invitado por el grupo La que Faltaba (ex Los Piojos) al Cosquín Rock 2014, desparramando además de defensores un poco de arte y caminando las grandes canchas del rock argentino, cantando y tocando la guitarra junto a Miguel “Micky” Rodríguez. 

Nuevo rumbo 

En La Paloma no sopla ni el viento, los primeros fríos del año se adueñan de las calles vacías en la Aguada, mientras César aguarda refugiado que la redonda vuelva a rodar. A sus 39 años, otra vez en la periferia del país, todavía más al este, pero no tan lejos, espera un nuevo desafío. 

Esta vez trasladó su experiencia hacia las costas del este, para continuar con el tinte celeste que guarda en su corazón. “Rocha FC me demostró su interés. Hablé con el presidente, tuve la posibilidad de charlar con el técnico antes de arreglar. Es un equipo que lucha contra todo, sabemos como es el interior, se hace todo mucho más difícil, cuesta arriba, pero también tiene esa ilusión de poder ascender”, contó el Picante, y al respecto del torneo de Segunda División, que estará bajo la lupa, señaló que “va a ser muy especial, por todo lo que implica el descenso de Defensor y Danubio, le va a dar otra competencia a la categoría”.

Actualmente radicado en la ciudad La Paloma, a 28 kilómetros de la ciudad de Rocha donde el equipo entrena a diario, en el Mario Sobrero o en El Municipal del Tenis. “Vamos con algunos compañeros que viven acá cerca. Charlando y hablando un rato se llega más rápido”, señala sobre el trayecto cotidiano. 

El gol a River: una “carta de presentación”

César se abrazó a la gloria cuando un humilde Belgrano de Córdoba, comandado por Ricardo Zielinski, disputando la Promoción, se plantó ni más ni menos que ante  River Plate y lo mandó a la “B”. La historia escrita está, y perdurará en el tiempo, el gol del mañoso y retacón delantero que derrumbó a un gigante.  Escribiendo una de las páginas doradas del Pirata y a la vez, de las más oscuras del club de Núñez. El delantero marcó uno de los tantos del 2-0 en Córdoba, mientras que la igualdad 1 a 1 en el Monumental decretó el histórico ascenso. El cual afirma es el máximo logro de su carrera, con el plus de ser hincha de Boca.

“Es una carta de presentación”, advierte sobre el gol al millonario y el pintoresco festejo a lo ranita. Y a pesar de que ya se van cumplir 10 años, aún se lo siguen recordando como que hubiese sido ayer. “El haber ascendido, el rival, el hincha que uno tiene, fue un sentimiento doble. Se festejó como un título para nosotros y habla de la importancia del rival que teníamos enfrente, ni más ni menos, si hubiese sido contra otro equipo, quizá, no hubiera tomado esta relevancia. A pesar de no ser el gol más lindo, es el más importante de mi carrera”, sostiene. 

En La Paloma se va escondiendo el sol y la charla llegando a su fin, pero antes de que el grabador se apague nos dejó en claro que habrá Picante para rato: “Estoy muy bien físicamente, trato de entrenarme a full porque tengo que hacer un esfuerzo doble, pero sigo con las ganas intactas y queriendo jugar varios años más. Uno no se quiere alejar de esto, mi vida giró en torno al fútbol.  No se que voy a hacer cuando deje porque uno quiere seguir ligado a esto. Trato de prepararme para hacer el curso de técnico, ya lo estoy terminando. Pero por lo pronto, solo pienso en jugar y pienso en disfrutar de seguir entrando a una cancha de fútbol y hacer esto que me gusta”. 

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