Un pedazo de ciudad

En Uruguay, más precisamente en Montevideo, hay un pedazo de la ciudad que es especial. Aunque muchos le digan la Aguada, si nos ponemos un poco estrictos, el nombre correcto es Arroyo Seco, un poquito más al norte del barrio que le da nombre a la pasión.

En ese rinconcito, delimitado por General Flores al este y Agraciada al oeste, florece un fenómeno que es difícil de explicar. Porque todo el barrio late al mismo ritmo. Y no es que el club sea patrimonio exclusivo del lugar, porque hinchas de Aguada hay en toda la capital: Buceo, La Blanqueada, Prado, Colón y el Cerro. Y más allá de los límites capitalinos, en Canelones, San José y Maldonado también. Y si nos ponemos a buscar, a revisar a los uruguayos que viven fuera de fronteras, ayer se festejó en Australia, Estados Unidos y España. Porque el sentimiento no te abandona, y por más que nunca te hayas ido de tu casa de la infancia, o vivas a 5.000 kilómetros del gimnasio de San Martín, a vos te pasa exactamente lo mismo.

Pero ahí, en esas pocas cuadras a la redonda pasa algo especial. Los nacidos en el Canzani, que están desde que abrieron los ojos en el barrio. Los que iban al Liceo 21 y no se movían de la zona ni para ir a clase, con horas mezcladas entre los salones y la puerta del club. A todos los atraparon los colores rojo y verde.

Y entonces, ayer cuando sonó la bocina final, ya todos sabían dónde se festejaba, en la misma esquina de toda la vida. Y ahí estaban todas las generaciones juntas: los niños más chicos, que con 10 años o menos ya vieron a Aguada campeón dos veces y tienen la camiseta de su ídolo (llámese Andrew Feeley o Demian Álvarez); sus padres, que vieron épocas más jodidas, con el club lejos de los flashes y que ostentan con orgullo sus casacas noventosas desteñidas; y los más veteranos, que no usan la camiseta porque vienen de la época de las batallas en canchas abiertas, donde había que ir abrigado y ser guapo para aguantar el clima, porque con piso flotante, calefacción y Antel Arena, cualquiera va a ver al aguatero.

¿Cómo no vas a festejar hasta la madrugada? Si pasaste toda tu adolescencia en el club, en la misma calle. Si mirás a los que saltan contigo y son tus amigos, es tu familia o tu pareja. Hoy en ese rincón de ciudad las lágrimas son de alegría, porque si toda esa multitud esperó más de 35 años para festejar un título, 6 no son nada. Esa gente no precisa una copa que certifique ni valide su sentimiento, porque va más allá de los triunfos, porque crecieron sabiendo que Aguada estaba más allá de ganar o perder.

La Liga que viene verá otra vez al rojiverde con su hinchada atrás, demostrando por qué se ha ganado el mote de equipo más popular. Solo que esta vez, además es el campeón.

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