Madurez, objetivos claros y conciencia de que el camino requiere esfuerzo. Tomás Abdala, quien a sus 16 años está pronto para dejar Unión Atlética y partir hacia Estados Unidos, inaugura una sección que no podía faltar: “Hay Futuro”.

Casi por casualidad, el azulgrana se cruzó en el camino de Tomás para marcarlo a fuego: “Arranqué cuando tenía 9 años, mi padre iba a ver a Unión en la Liga, se empezó a hacer hincha y me dijo si no quería venir a probar a la escuelita”.

“Me encantó el grupo, la parte social, la pasaba bien, no sólo la práctica sino quedarme en el club porque me gustaba simplemente”, pero ese inicio social fue derivando en un estilo de vida: “En preinfantiles lo empecé a tomar más profesional, quizá porque había un resultado, pero entrenaba para hacer las cosas mejor y poder ganar”.

Si bien a la hora de hablar de sus entrenadores recuerda y agradece a cada uno de ellos: Guido Fernández, Diego Álvarez y Martín Sedes: “Todos siempre me ayudaron más allá de las prácticas, me mandaban videos”.

A esa edad empezó a valorar los trabajos extra: “Con Diego Álvarez nos quedábamos dos horas después de la práctica en la cancha auxiliar” y a priorizar a la naranja como principal compañera de ruta: “Empecé a faltar a cumpleaños familiares porque me quería quedar tirando, estaba todo el día metido en el club”.

“No usaba el tiempo en otras cosas sino para estar en una cancha, invertía el tiempo en estar tirando o viendo videos”, resume.

A la hora de definirse dice: “Soy un base que le gusta anotar” y hace un breve resumen de sus fortalezas: “Considero que tengo un tiro de tres puntos aceptable, que si bien lo he mejorado me queda mucho por pulir, tengo un buen uno contra uno y sé leer desde ahí para anotar o generar para los demás”. Sin necesidad de preguntar, también agrega: “Considero que una de las cosas que más tengo que mejorar es el físico”.

Si bien los de afuera destacaban sus actuaciones cada domingo, él tenía una visión distinta: “Nunca pensé en si me estaba destacando. Entrenaba en la semana y en los partidos sentía que jugaba bien, que aportaba al equipo”. Y exigirse un poco más: “Si jugaba bien en mi categoría, apuntaba a hacerlo en la más grande, y si no lo lograba me frustraba o me enojaba”.

Foto: DAM Photos Uy

“Me daba cuenta que los domingos hacía cosas que no son reales, que hacía goles que si bien valían dos puntos eso más adelante no iba a pasar” analiza con una madurez y visión que hacen olvidar sus 16 años.

La palabra objetivos surge naturalmente de su vocabulario, y así lo explica: “Siempre me pongo objetivos, trato de poner objetivos cortos para luego llegar a los que son a largo plazo”.

Desde 2019 ha tenido la chance de entrenar con el primer equipo de Unión: “Jugar con más grandes te aporta el conocimiento de ellos. Por ejemplo, Manuel Mayora me puede brindar experiencias por el simple hecho de haber jugado seis años más que yo”.

Respecto al juego en sí, explica: “Te da un roce, un contacto físico, un esfuerzo que inconscientemente en tu categoría no haces. Tenés que estar todo el tiempo preparado y concentrado”.

A la hora de mirar básquetbol, se declara hincha de la NBA. “El jugador que más miro es Harden porque considero que ofensivamente es quien más recursos y variantes tiene. También me gustaba mucho Ginóbili y José Vildoza de San Lorenzo”.

Si el básquetbol llegó a su vida de forma casi casual, qué dejamos para una situación que sin dudas será un punto de inflexión en su desarrollo.

“Tuve un partido con Trouville y justo Guillermo (Vecchio), que había venido a Uruguay para hacer un campus, vio el partido. Al día siguiente yo entrené de mañana con el plantel del Metro y cuando salí tenía varias llamadas perdidas de mi padre y otra gente porque él quería que fuera al campus. Fui cuatro días doble horario, quedé en contacto con él y me dijo que quería que fuera a su campus en Miami” recuerda.

En una nota radial en Argentina, Vecchio afirmó que Tomás era “el próximo Manu Ginóbili”: “Yo sé que él no lo dice para hacerme mal, sino para premiarme o motivarme”.

Con naturalidad, explica cómo le cae esta comparación: “No me lo tomo como una presión, me estimula mucho a seguir trabajando, hace todo lo contrario a relajarme”. Y no oculta el orgullo que le genera el comentario de su mentor: “Me cae bárbaro que lo diga, quiere decir que tenes que seguir trabajando para sacar lo mejor de vos”.

Abdala partirá en setiembre hacia School House Prep, un highschool ubicado en Miami, donde retomará su 5º año liceal y continuará su desarrollo deportivo. Esta oportunidad surgió luego de jugar un amistoso contra dicha institución en febrero pasado: “Ellos se pusieron en contacto con Guillermo (Vecchio), le ofrecieron esto y él se lo comentó a mi familia”.

Sin saber de esta posibilidad aún, Tomás ya había decidido que quería un cambio así en su vida: “Haber estado un mes allá me cambió mucho la cabeza, si bien hace mucho tiempo tenía ganas de irme a jugar afuera porque considero que es un salto que tengo que dar para poder mejorar”. Además, el haber jugado estos amistosos le sirvió: “Me sentí a nivel, eso me ayudó a darme cuenta que podía ser una posibilidad”.

Si bien cuando le llegó la oferta estaba totalmente convencido, aceptó y comenzó los trámites para poder irse, la situación mejoró aún más cuando un par de meses después School House Prep anunció la contratación de Guillermo Vecchio como entrenador: “El highschool en sí me parecía ya muy atractivo y que Guillermo esté dirigendo ahí es una gran ayuda”.

Hoy día, cuenta que quiere llegar lo mejor posible a Estados Unidos “y el primer año allá quiero adaptarme al básquetbol y a la vida”. En este mismo sentido, agradeció a Nicolás Scarabino quien lo ayudó a preparase durante el verano: Íbamos todos los días al UAS a entrenar. Él sabe mucho de técnica individual”.

“Tengo muchísimas ganas de ir, sé que al principio va a ser muy difícil no sólo el básquetbol sino también el estudio porque es otro idioma y otra cultura” dijo una vez más reafirmando su madurez y que sabe lo que le espera, pero también tiene claro que es “lo que siempre quise”. “Con el tiempo y que pueda adaptarme sé que voy a ser muy feliz allá”

Si bien la pandemia puede atrasar un poco sus planes, en caso de no poder viajar en setiembre podrá comenzar las clases a distancia.

Al pensar en el Tomás de los próximos cinco años, está seguro que “esta experiencia me va a hacer muchísimo más maduro”. En lo estrictamente deportivo: “Me gustaría poder estar jugando a un nivel más alto”.

Si bien no elige entre formación europea y americana por no conocer la primera, dice que Estados Unidos “es bastante más profesional, te enseña a ser atleta”. Y que “el camino de la NCAA me interesa, pero tampoco lo veo como la única opción”.

Para terminar, cuenta su breve experiencia con la Selección, ya que la 2004 aún no ha tenido competencia internacional: “En 2018 estuve en un grupo abierto de la generación 2004, trabajamos 5 o 6 meses una vez por semana. Estar en el CEFUBB está muy bueno, te motiva a seguir”.

“Las ganas de jugar en la Selección están, sería un objetivo para el año que viene poder ser parte del plantel. Entreno y me preparo para eso” afirma respecto al Sudamericano U17 que tendrá lugar en 2021.

Dejamos el final para que pueda agradecer “a todos, pero principalmente a mis padres y mis hermanos que son los que siempre me bancaron, al club Unión Atlética y obviamente a Guillermo Vecchio”.  

Desde Salimo’ deseamos todos los éxitos a Tomás en este nuevo paso en su desarrollo, que sin dudas lo ayudará a seguir construyendo su carrera.

julio 22, 2020

Hay Futuro: Tomás Abdala

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