“Hay tantos locos lindos que nos muestran qué hacer, hay tantos laberintos por descubrir hasta encontrar lo que querés" rezaba una retirada, y tal vez sea el resumen de vida de una Fernanda a la que los laberintos de la vida le hicieron descubrir temprano lo que quería. Cada enero los laberintos se encuentran y la dejan con un pie en el Ramón Collazo y otro en Chucarro. Hoy hablamos de las locuras de amor de la “Peke” Sander.

Con Homero, su perro, en la vuelta y muy atento a la charla comenzamos un repaso por su vida y sus pasiones. De padre Welcomense y madre aguatera, dice ser “la oveja negra” de la familia, aunque también da una explicación bastante lógica, y loca a la vez: “Siempre digo que vengo de una familia básquetbolera y murguera. Mi abuelo jugó y fue de los primeros campeones federales con Welcome. Mi padre nació en el club prácticamente, desde muy chico hacía tribuna, fue vocal. En los clubes de barrio la cosa se pone difícil y se necesita una mano y él estaba ahí, dirigió formativas también”.

“Yo me hice de Trouville por descarte, esa es la realidad, lo que pasa es que después la situación se me fue de las manos”, dice entre risas, aclarando que el motivo principal era no quedar mal con nadie.

“Mi mamá nunca le dio tanta trascendencia al básquet, pero a la hora de elegir no quería dejar a ningún padre en banda, o sea, no poder ser ni de uno, ni de otro. Mi tía “Mane” era de Trouville pero porque vivía en Pocitos, tenía sentido, y cuando me empezó a interesar el deporte cuando tenía 14 o 15 decidí ir por ese lado como para tener un equipo para ir a ver. Nunca imaginé que en tan poco tiempo Trouville se convirtiera en una parte fundamental de mi vida”.

Esa etapa de su vida coincidió con lo que fue el campeonato obtenido por el rojo en el 2005. La Peke recuerda sus “festejos” con mucha alegría y a su vez denotando el miedo de no querer despertar a nadie: “No podía hacer mucho ruido porque era hincha hace poco y de casa nadie me iba a llevar a la cancha. A mi madre no le importaba y cuando mi padre me llevó fue porque no tenía más remedio”.

“No es que me subí al carro, ya era hincha de antes. Lo primero que recuerdo es estar viendo Subrayado, fueron a un móvil en Chucarro, que estaban preparando una pantalla gigante, y escuchar a Jorge Traverso, hincha de Aguada decir que los hinchas de Trouville deberíamos saber que hay que esperar a que los partidos terminen. Ese es mi primer recuerdo”.

“Lo vi encerrada en mi cuarto, con un huevito que ya no uso, pero todavía tengo. No podía festejar mucho, lógicamente, todos estaban durmiendo en casa. Me daba cosa festejar. Me levanté sigilosamente a media noche, y en el living teníamos una tela roja que usábamos para el árbol en navidad, y una mesa de mármol gigante. Lo que hice fue poner el telón ese en toda la mesa y arriba escribí, Yo te daré, te daré una cosa, yo te daré una cosa que empieza con T, y me fui a dormir. Al otro día mi madre me quería matar, no entendía qué había pasado. Me quedé con la frustración de no ir, pero nadie me iba a llevar”, reconoce, risueña.

Si hay algo que el deporte tiene, es que no siempre todo es color de rosas. De hecho, normalmente las malas son más siempre. De esa final triunfal pasamos a la última en 2015 ante Malvín. En una serie pareja que el playero se llevó, el primer juego fue para la T: “Al otro día de ese partido era mi cumpleaños. Recuerdo que después del juego fui a la Sport y todos estaban diciendo que qué regalo me dio mi cuadro. Yo me polenteé fuerte, sin saber que el final iba a ser horrible”.

"Creo que asi estuve toda la noche mientras veía como Malvín me daba vuelta en la cara", recuerda de esa noche

Para ser sinceros, el motivo principal de charlar el tema fue que ella se tuvo que quedar a ver cómo Malvín daba la vuelta. Lo cuenta como una desgracia: “Lo que pasó es que en ese momento yo estaba saliendo con un periodista muy cercano al básquet, y mi vuelta a casa se había complicado, una amiga iba a ir y no fue, no se conseguía transporte, nada, entonces me tuve que quedar a esperarlo a él. Fue horrible”.

De todo lo malo sacó algo bueno: “Me sirvió para darme cuenta y decir ‘Bo, esto es lo que yo quiero ver. Tengo que estar siempre, no abandonar y esperar que esto nos pase’. Será antes o después, pero vamos a ser campeones y quiero estar”.

Sin dudas, al consultarle por su peor momento con el equipo de Pocitos mencionó esa final. En cuanto al mejor nombró dos. Un partido que ganan en la hora ante Goes para pasar a Playoffs, “Me puse a llorar de la emoción”. Pero el momento que está por encima de todo no tuvo precisamente a la naranja picando: “La inauguración de la cancha fue el mejor. Fue una reunión bastante privada y tuve la suerte de ser invitada. Pienso en esa primera vez que pisé la cancha recién encerada, ese olor a pintura fresca y me emociono, se me pone la piel de gallina. Por lejos fue el mejor momento con Trouville”.

Aunque muy fanática por su club, las cábalas le ganaron este año: “Tuve que escribirle a Juan Pablo Taibo hace poco para que me explicara, porque no entendía si habíamos descendido, si éramos campeones o qué”, acepta entre risas. “Me pasó algo gracioso este torneo. Fui el primer partido, contra Hebraica, suspendido por humedad. Fui a otro después, me agarró la prueba de admisión y quedé medio out. El ‘Tano’ Abadie es una de las personas que conocí gracias a Trouville, y si hay algo que me enseñó es que, si una cábala funciona, hay que mantenerla. Entonces si al cuadro le iba bien y yo no estaba yendo, lo mejor era seguir así. Seguimos ganando, seguimos ganando y cuando quise acordar era enero; pero las cábalas no se tocan”.

“Yo al Tano lo he visto en el Palacio hablarle a gente que no conoce y decirle ‘Pero vos en el cuarto pasado estabas en otro asiento. ¿Te levantaste a comprar algo? No me interesa, volvé al asiento’. Con mi amiga Rina también tenemos nuestras cábalas”, agregó.

Aprovechando que mencionó a las personas que conoció en el básquet, es un buen momento para hablar de aquel gracias a quien directamente conoció el deporte. Pese a ser de Welcome y no haber estado muy de acuerdo con acompañarla a la cancha, la forma en la que la Peke habla del padre transmite el amor y agradecimiento hacía él por inculcarle la pasión: “Yo siendo más joven fue un par de partidos conmigo. Más adelante ya dejó de acompañarme y empecé a ir sola. ‘Yo solo voy a ver a Welcome, no tengo porque llevarte a vos a ver a Trouville’, me llevó un par de veces y después fue como ‘Nena, tomate el 316 y anda solita’. Mi viejo hizo muchos sacrificios por mí, pero con el básquet no pudo”.

“Mi padre tuvo mil líos y lo echaron mil veces en los partidos de Welcome, pero cuando yo empecé a ir sola a la cancha me dijo un par de cosas: ‘Vos gritá siempre para adelante, no grites para el costado ni para atrás, siempre para adelante y apoyando al equipo, nunca contra los otros. Si se arma pelea ponete contra la pared siempre, así no te garronean’. Justo mi padre que era el menos indicado para hablar de eso”, concluyó, contando que no tuvo grandes problemas, pero si juegos en los que sintió miedo y él fue por ella.

Un tema que no podíamos evitar hablar era el carnaval, pero principalmente la relación con el básquet y la influencia en su vida: “La dimensión que Trouville tomó en mi vida no tiene comparación. Voy más a ver a Trouville que a Peñarol, por ejemplo. No me pierdo un partido, excepto durante la zafra de carnaval que ahí la pasó realmente mal, es jodido ese tiempo sin ir a la cancha”.

“Llega el carnaval y para mi es como que me arrancan un pedazo. Amo el carnaval, y además de que es mi trabajo, eso en realidad es secundario porque el carnaval para mi es mi vida. Pero siento que pierdo una parte igual. Se me han suspendido etapas o los 2 de febrero que es Iemanjá, y yo arrancó como una loca a ver al club. Cuando son televisados entre conjunto y conjunto me escapo al móvil a ver un poquito, o si no por las estadísticas”.

En cuanto a la comparación y similitudes no tenemos absolutamente más nada que agregar. La exposición del tema es simplemente hermosa luego de decir que la unión entre el básquet y carnaval es “La pasión. Así como antes que existieran las compras en línea y las redes de cobranza, las personas hacían fila en el teatro para entrar y hacen esos sacrificios, hay personas que se vuelven locas por los equipos. El carnaval solito en su mes mueve mucha más gente que el fútbol y el básquetbol en todo el año”.

“En mi caso el básquet saca lo peor de mí. Llego a la cancha y es como que me transformo. Cuando el partido es televisado trato de tener una conducta más ejemplar”, comenta riéndose. “Después de la mayoría de los partidos llego sudada como si yo hubiera jugado. Directo a bañarme, y en un estado deplorable”.

“No voy a decir que el carnaval saca lo peor de la gente, pero si, lo hace. No pasa en el tablado o el teatro, pero entrás a las redes sociales y se están matando. Creo que un Zíngaros – Los muchachos, un Zíngaros – nazarenos se puede comparar con una Aguada – Goes. El carnaval tiene eso que o lo odiás, o lo amás, no hay punto medio”.

Lo que tampoco podemos evitar es la pandemia y que todo evento está en duda. Pese a esto, el deseo de que carnaval y Liga sean en fechas distintas es alto: “No concibo un verano sin carnaval, no puede pasar eso. El básquetbol y el carnaval son dos partes gigantes en mi vida y lamento mucho que no haya un tiempo en el que la Liga y el carnaval no coincidan. La LUB tendría que tener un párate durante carnaval. Me haría realmente muy feliz. Así como durante todo el año siento que me falta una pata, cuando no puedo ver a Trouville me pasa igual”.

Siendo hincha de Peñarol en fútbol le preguntamos por qué no hacerlo en básquet ahora que puede: “Porque cuando me interioricé en el básquetbol Peñarol no existía. ‘Peñarol en todo’ no. En la bolita y lo que sea puede ser, pero en básquetbol no, Trouville y nada más. En esta casa tuvimos una charla familiar por eso. Le pregunté a mi viejo qué iba a hacer. ‘Voy a seguir siendo de Welcome’. Perfecto, me parece bien que ninguno vaya a cambiar. Soy de Trouville porque es mi casa”.

“Yo en Trouville nunca me sentí discriminada ni sapo de otro pozo por no ser de Pocitos. A veces se da la charla de ‘¿Vos de qué cuadro sos? – De Trouville. – Ay ¿Sos de ese cuadro cheto y vivís en Malvín Norte?’. Y si, vivo en Malvín norte, capaz tendría que ser de Malvín o de Larre, que está cerca, pero soy de Trouville, y soy una más y la verdad nunca jamás me hicieron sentir fuera del equipo. Todos somos iguales ahí”, agregó, contestando el por qué ama a su Trouville.

Una de los últimos temas hablado fue el de las mujeres en el deporte, y también dio para hablar del periodismo: “A nivel de periodismo estamos mal. Fijate que ninguna mujer ha ido a un mundial, ahí es una muestra de que estamos mal. En el básquet saliendo de Daiana (Abracinskas) entiendo que hay alguna otra en alguna radio, pero somos muy pocas. Voy a pecar de hablar del lugar donde trabajo, pero creo que haber transmitido las finales de la LFB les dio una dimensión y una pantalla que no había antes”.

“Daiana había anunciado que se iba a ir a España, después creo que quedó en Stand by, pero a mí me gustaría que, si se va, ese puesto sea ocupado por otra chica, porque es la única cuota femenina que tenemos en el básquet. Me parece loco que en el siglo 21 sigamos hablando de cuotas, como en el parlamento”, comentó con mucha seriedad y un poco de lamentación en su voz. Yendo a ‘Momo’: “En carnaval este es recién el primer año en que todos los conjuntos de parodistas tendrás mujeres. Estamos hablando del 2021. Avanzamos, pero estamos muy relegadas en todo todavía. En el periodismo de carnaval no estamos tan mal, pero si mirás las fichas técnicas del año pasado de 340 murguistas hombres, solo había 13 mujeres”.

Haciendo honor al título de la sección, terminamos preguntándole a la Peke por su mayor locura de amor por Trouville, y qué estaría dispuesta a hacer: “Me escapé estando certificada por una infección urinaria. Mi reposo no decía que debía permanecer en mi domicilio, se suponía que me quedara, pero bueno. Fue hace muchos años, el delito ya caducó, pero si, yo estaba certificada, pero no podía no ir. Salvo faltar al carnaval, después haría lo que sea por Trouville. Me encantaría viajar al interior y al exterior”.

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