La Consecuente

Foto: Danubio Fútbol Club.

En los últimos años, Danubio fue una murga (léase en lenguaje futbolero) en su rama política y económica. Claramente fue un salpicón de malas decisiones y tuvo la desgracia de contar con algunas personas, que, con aires de cupletero, le hicieron mucho daño al club, también, cantaron la retirada antes de tiempo cuando la cuestión se puso fea. 

Ni en el 32’, año fundacional, cuando Alcides Olivera nos “obligó” al comprar 10 (diez) números de rifas con la condición de intervenir en la identidad del club, más precisamente en la indumentaria, pidiendo que esta sea a rayas verticales blancas y negras, imitando a Wanderers, el campeón uruguayo de 1931 (año anterior). 

Ni en el 58’ cuando finalizamos a dos puntos del descenso o en el 59’ cuándo por primera vez conocimos lo que era eso en carne propia y nos fuimos a la “B” cosechando solamente 10 puntos en 18 encuentros. Ni en el 60’ cuando hubo que vivir nuevamente la realidad de estar en segunda y con un esfuerzo extra-humano se logró volver a primera división. Ni cuando parecía que el castillo de naipes se volvía a derrumbar en el 68’, pero, aún quedando últimos, no descendimos, pero en una especie de flashback nos volvió a suceder lo mismo que diez años atrás, acariciamos el descenso y al siguiente año nos volvimos a ir, irse suena feo porque ciertamente siempre estuvimos, el 69’ fue fatídico y nos condenó a la “B” nuevamente, pero siguiendo con el flashback, nuevamente se redoblaron esfuerzos y en el 71’ estábamos de regreso en el círculo de privilegio para nunca más irnos. Adelantándonos dos décadas, ni en el 97’ cuando a pesar de salir últimos en la Tabla Anual, no descendimos. 

Ni en todos estos años y situaciones, la realidad del club fue tan crítica como en el hoy. 

La debacle económica en un mundo mucho más capitalista-dependiente que en el 59’ o en el 69’ (años de descenso) es uno de los parámetros que marca la realidad económica del club, que está endeudado y por varios millones (si, en plural), cifras negativas récord en la historia de Danubio, producto de negocios nefastos y turbios. 

La realidad institucional/política es nefasta (dos de los últimos tres presidentes no terminaron su mandato, mediante también, episodios crimínales). Este es otro factor para que afirme que es el peor momento en la historia del club. 

Deportivamente, el campeonato uruguayo de 2013/14 suena como “El Tren De Los Sueños” y el hincha se emociona cada vez que lo recuerda, pero luego recuerda que hoy por hoy es el descenso que lo acecha y no se debe temer al nombrarlo. 

No temo al afirmar, que las tres “patas” indispensables para que  un club funcione, nunca estuvieron en esta situación simultáneamente, alternadamente sí, sobran los casos. 

En este caos, volvió el presidente más laureado en la historia del club, un tal Arturo Del Campo, letrista de los años dorados del club en cuanto a títulos. Con apellido sagrado en Danubio y con una capacidad de gestión innegable, agarro el fierro caliente y puso manos a la obra. No hay ninguna persona en el ambiente Danubio más capacitada que él para este momento y con la espalda necesaria, menos. Después de esta descripción necesaria, debemos entender que los milagros en la historia de Danubio sólo existen deportivamente (a base de taquitos y tijeras), económica e institucionalmente se necesita tiempo (más de dos años) y hasta una pizca de suerte con el contexto, para recién ahí, pensar en un club solventado. 

A días del inicio oficial del año más decisivo en la historia del club, pedir, que no se cometan los mismos errores del pasado y que nos embanderemos todos juntos atrás de esta bandera, más allá de las diferencias y que el Maria Mincheff no se vuelva un coliseo romano. 

Hacer honor al gran Juan Lazaroff significa acompañar y por sobretodo, cuidar al club. Este cuidado debe empezar por nosotros mismos. “Danubio es como un hijo y por ello dediqué a él mis mejores momentos”, dijo algún día Juan, tratemos al club así, como un hijo, al que se lo corrige pero no se le pega en el piso. 

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